Luis Alberto de Cuenca

Luis Alberto de Cuenca

Luis Alberto de Cuenca Prado (Madrid, 29 de diciembre de 1950) es un filólogo, poeta, traductor, ensayista, columnista, crítico, editor literario e investigador español. Es también académico de número de la Real Academia de la Historia y académico correspondiente en Madrid de la Academia de Buenas Letras de Granada.

Tras formarse en el Colegio del Pilar de Madrid, dejó en segundo curso los estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid para iniciar en la Universidad Autónoma de Madrid los de Filología Clásica, donde se licenció en 1973 y se doctoró en 1976, sendos grados con premio extraordinario. Ha señalado como sus maestros a dos profesores de la Universidad Autónoma de Madrid: el latinista Antonio Fontán y al helenista Manuel Fernández-Galiano que dirigió su tesina y su tesis que trató sobre el poeta helenístico Euforión de Calcis.

Trayectoria como estudioso de la literatura en el CSIC

Su producción científica se ha concentrado, sobre todo, en la traducción y edición crítica de obras de la literatura occidental cuya cronología varía del II milenio a. C, hasta el s. XX. Más bien alejado de las corrientes metodológicas más recientes, su actividad filológica se ha volcado en la divulgación y su perspectiva hacia las obras que estudia, siendo erudita, es más artística que académica, más transversal que especializada.

Como traductor, ha traducido textos en griego clásico, latín clásico, latín medieval, francés medieval, provenzal, catalán, francés, inglés, alemán, y entre otros, a autores del mundo clásico grecolatino, como Homero, Eurípides, Calímaco, y del medievo europeo, como Geoffrey de Monmouth, Guillermo de Poitiers, Chrétien de Troyes, Marie de France, Charles Nodier y Gérard de Nerval. En 1987 obtuvo el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario, texto latino de autor anónimo del siglo X. Esta faceta de su trabajo filológico se mezcla con su obra artística en tanto que sus traducciones aspiran a integrar lo “literal” y lo “literario”.

En el ámbito de la ecdótica, ha editado críticamente, entre otros, a Euforión de Calcis, Eurípides, Calderón de la Barca, Juan Boscán, Gabriel Bocángel, Agustín Pérez Zaragoza, Rubén Darío y Enrique Jardiel Poncela.

Como editor literario ha dirigido las colecciones “Ámbitos literarios (poesía, narrativa, ensayo)” en la Editorial Anthropos, “Selección de Lecturas Medievales” en Ediciones Siruela, y “La Cabeza de Medusa” en Mondadori. En enero de 2009 es nombrado director literario de la “Fundación Biblioteca de Literatura Universal”.

Funcionario de carrera, con la categoría de “profesor de investigación”, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con puesto adscrito en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, en el que ha sido jefe del departamento de Filología Grecolatina y director del Instituto de Filología (1992-1993), así como director del Departamento de Publicaciones del CSIC (1995-1996) y director de la revista Arbor. Revista de Ciencia Pensamiento y Cultura (2012- ) editada por el CSIC.

Carrera política en la gestión cultural

En la Administración General del Estado ha ocupado los cargos políticos de libre designación de Director de la Biblioteca Nacional de España (1996-2000), de la que fue nombrado Presidente de su Patronato en 2015, y Secretario de Estado de Cultura (2000-2004).
En octubre de 1997, siendo director de la Biblioteca Nacional de España, junto al entonces director del Instituto Cervantes, Santiago de Mora-Figueroa, promovieron la creación de la “Fundación Biblioteca de Literatura Universal” (BLU), con los objetivos fundacionales de la edición, complementaria de las ediciones comerciales, de una colección de obras de autores clásicos de otras lenguas junto a la revitalización de autores en lengua española, y la realización de otras actividades encaminadas a destacar el valor del idioma español como lengua universal de cultura. De su actuación como Secretario de Estado de Cultura cabe destacar la estimación del gremio de historietistas para la Medalla al Mérito en las Bellas Artes.

Estilo

En su poesía se funden el estudioso y el creador, sin que ninguna de las dos facetas corrompa a la otra. A través de sus poemarios, Luis Alberto de Cuenca nos ha ido entregando lo que se ha llamado en la poesía española contemporánea una «poética transculturalista»: una lírica irónica y elegante, a veces escéptica, en ocasiones desenfadada, en la que lo transcendental convive con lo cotidiano y lo libresco se engarza con lo popular. Usa la métrica libre y la tradicional. Como homenaje a Hergé, el creador de Tintín, Luis Alberto de Cuenca ha definido la segunda etapa de su poesía como línea clara. Quizá su poema más conocido, leído con cierta frecuencia en bodas y que ha sido objeto de exámenes de selectividad es “El desayuno”.
Además de su obra como poeta, ensayista y filólogo, hay que destacar su faceta de letrista musical; suyas son algunas de las letras más conocidas del grupo de rock la Orquesta Mondragón. Más de una treintena de sus poemas han sido antologizados y musicados por Gabriel Sopeña e interpretados, en una primera entrega, por Loquillo, en su disco Su nombre era el de todas las mujeres, editado en octubre de 2011.
Parte de su obra ha sido traducida al francés, alemán, italiano, inglés y búlgaro.

Obras

Poesía

  • Los retratos (1971), no recogidos en las “poesías completas” de los años 1990 y 1998. Reeditado por ‘Huerga y Fierro editores’ (2009) y ‘Reino de Cordelia’ (2015)
  • Elsinore (1972)
  • Scholia (1978)
  • Necrofilia (1983)
  • Breviora (1984).
  • La caja de plata (1985) Premio de la Crítica
  • Seis poemas de amor (1986).
  • El otro sueño (1987)
  • Poesía 1970-1989 (1990), antología donde recoge toda su obra hasta ese momento.
  • Nausícaa (1991).
  • 77 Poemas (1992). Antología.
  • Poemas (1992). Antología.
  • Willendorf (1992).
  • El hacha y la rosa (1993)
  • El desayuno y otros poemas (1993).
  • Los gigantes de hielo (1994).
  • Animales domésticos (1995).
  • Luis Alberto de Cuenca (1995). Antología.
  • Tres poemas (1996).
  • Por fuertes y fronteras (1996)
  • El bosque y otros poemas (1997).
  • En el país de las maravillas (1997). Separata de El Extramundi y los Papeles de Iria Flavia, XI.
  • Los mundos y los días (Poesía 1972-1998) (1998), antología donde recoge toda su obra hasta ese momento. Visor
  • Alicia (1999).
  • Insomnios (2000).
  • Mitologías (2001). Antología.
  • Sin miedo ni esperanza (2002). Visor
  • Vamos a ser felices y otros poemas de humor y deshumor (2003). Antología.
  • El enemigo oculto (2003). Antología.
  • El puente de la espada: poemas inéditos (2003).
  • De amor y de amargura (2003), antología, edición de Diego Valverde Villena.
  • Diez poemas y cinco prosas (2004).
  • Ahora y siempre (2004).
  • Su nombre era el de todas las mujeres y otros poemas de amor y desamor (2005), antología. Renacimiento, Sevilla.
  • La vida en llamas (2006), premio Ciudad de Melilla 2005.
  • Poesía 1979-1996 (2006), Edición de Juan José Lanz
  • a quemarropa (liminar de Javier Pérez Walias). Colec. Cuadernos del Boreal, 2. IES “Universidad Laboral”, Cáceres, 2006.
  • Jardín de la memoria (2007), Universidad de las Américas, Puebla, México, antología personal.
  • Hola, mi amor, yo soy el lobo (2008), con ilustraciones de Miguel Ángel Martín. Antología. Rey Lear.
  • El reino blanco (2010), Visor
  • Embrujado jardín, Antología (1970-2010), selección y prólogo de Pablo Méndez (2010), Ediciones Vitruvio.
  • La mujer y el vampiro (2010), con ilustraciones de Manuel Alcorlo. Rey Lear.
  • El cuervo y otros poemas góticos (2010), con ilustraciones de Miguel Ángel Martín. Antología.
  • En la cama con la muerte: 25 Poemas Funebres (2011), Ediciones de la Isla de Siltola.
  • Los mundos y los días (2012), Visor. Antología.
  • Cuaderno de vacaciones (2014), Visor.
  • La Flor azul (2016), Raspabook.

Ensayos

  • Floresta española de varia caballería (1975) Recoge los textos Libro de la Orden de Caballería, de Raimundo Lulio; De los Caualleros, de Alfonso X, rey de Castilla y León; y el Libro del Caballero et del escudero, de Juan Manuel, infante de Castilla; además de la floresta literaria del propio autor.
  • Necesidad del mito (1976), Planeta, Barcelona (reeditado en Nausicaa, Murcia, 2008)
  • Museo (1978), Antoni Bosch, Barcelona
  • El héroe y sus máscaras (1991)
  • Etcétera (1993)
  • Bazar (1995)
  • Álbum de lecturas, ‘Huerga y Fierro editores’ (1996)
  • Señales de humo (1999)
  • Baldosas amarillas (2001)
  • De Gilgamés a Francisco Nieva (2005)
  • Noveno arte, (2010)
  • Libros contra el aburrimiento, Reino de Cordelia, Madrid (2011)
  • Nombres propios, edición de Diego Valverde Villena, Universidad de Valladolid, Valladolid (2011)
  • Historia y poesía, Real Academia de la Historia, Madrid (2011)
  • Los caminos de la literatura, Rialp (2015)

Narrativa

  • Héroes de papel (1990).
  • Fragmento de novela (1996). Con Álex de la Iglesia.

Traducciones

  • Calímaco, Epigramas (1974-1976).
  • Euforión de Calcis, Fragmentos y epigramas (1976).
  • Guillermo (IX Duque de Aquitania) y Jaufré Rudel, Canciones completas (1978). Edición bilingüe preparada junto a Miguel Ángel Elvira.
  • Eurípides, Helena. Fenicias. Orestes. Ifigenia en Aulide. Bacantes. Reso. Introducciones, traducción y notas de Carlos García Gual y Luis Alberto de Cuenca.
  • Calímaco, Himnos, epigramas y fragmentos (1980). Junto a M. Brioso Sánchez.
  • Antología de la poesía latina (1981; 2004).
  • Homero, La Odisea (1982; 1987).
  • Auguste Villiers de l’Isle-Adam, El convidado de las últimas fiestas (1984; 1988). Selección y prólogo de Jorge Luis Borges. Traducción de Jorge Luis Borges, Luis Alberto de Cuenca y Matías Sicilia.
  • Jacques Cazotte, El diablo enamorado (1985). Selección y prólogo de Jorge Luis Borges. Traducción de Luis Alberto de Cuenca.
  • Cantar de Valtario (1989). Premio Nacional de Traducción.
  • Las mil y una noches según Galland (1988).
  • Guillermo IX (Duque de Aquitania), Canciones completas (1988). Nueva traducción.
  • Filóstrato el Viejo, Imágenes. Filóstrato el Joven. Imágenes. Calístrato, Descripciones (1993). Edición a cargo de Luis Alberto de Cuenca y Miguel Ángel Elvira.
  • Horace Walpole, Cuentos jeroglíficos (1995).
  • Eurípides, Hipólito (1995). Edición bilingüe.
  • Apolonio de Rodas, El viaje de los Argonautas. Calímaco, Himnos (1996). Traducción junto a Carlos García Gual.
  • Virgilio, Eneida (1999).
  • Chrétien de Troyes, El caballero de la carreta (2000).
  • Ramón Llull, Libro de la orden de caballería (2000).
  • Geoffrey of Monmouth, Historia de los reyes de Britania (2004).
  • Marcel Schwob, La cruzada de los niños (2012).
  • J.B. Priestley, El tiempo y los Conways (2012).

Premios y distinciones

  • En 1986 obtuvo el Premio Nacional de la Crítica por la obra poética La caja de plata.
  • En 1989 recibió el Premio Nacional de Traducción por El cantar de Valtario.
  • Está en posesión de la Gran Cruz de Isabel la Católica, concedida por el Consejo de Ministros en mayo de 2004.
  • En 2007 el gobierno de la Comunidad de Madrid le concedió el Premio de Cultura (Literatura), por su obra poética, correspondiente a la edición de 2006.
  • En 2009 fue elegido académico correspondiente de la Academia de Buenas Letras de Granada.
  • En 2010 es elegido académico de número de la Real Academia de la Historia, ocupando la medalla nº 28 de la que ya era académico correspondiente. Ingresa el 6 de febrero de 2011, con un discurso de ingreso titulado “Historia y Poesía”.
  • En 2013 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural de ABC Cultural y El Corte Inglés.
  • En 2015 le fue otorgado el Premio Nacional de Poesía por Cuaderno de Vacaciones.

Colaboración en prensa, radio y televisión

Fue colaborador de Nueva Revista, publicación cultural fundada por Antonio Fontán que agrupaba a intelectuales de la derecha liberal.
Es crítico literario permanente del diario ABC y ocasional columnista.
De conocida cinefilia, participó en los coloquios de los programas televisivos dirigidos y presentados por José Luis Garci, 3.ª etapa de Qué grande es el cine (1997-2005), emitido en La 2 de Televisión Española; y Cine en blanco y negro (2009- ), emitido en Telemadrid y en LaOtra.
Tertuliano fijo en los programas radiofónicos dirigidos y presentados por Luis Herrero, En casa de Herrero, Cowboys de medianoche y Fútbol es radio, todos de la emisora esRadio.
Desde la temporada 2013/2014 tiene una sección semanal de literatura en Esto me suena de RNE.

Vida personal

Nieto del general Luis de Cuenca y Fernández de Toro, e hijo del abogado madrileño Juan Antonio de Cuenca y González-Ocampo y Mercedes Prado Estrada, ha residido toda su vida en el Barrio de Salamanca de Madrid. Ha contraído matrimonio en tres ocasiones: con Genoveva García-Alegre Sánchez, cuya nulidad sacramental fue declarada por la autoridad eclesiástica; con Julia Barella Vigal; y, sólo civilmente, con Alicia Mariño Espuelas en 2000; característica común es que todas ellas son filólogas y ejercen la docencia universitaria. Tiene dos hijos: Álvaro (1976) e Inés (1989).

La chica de las mil caras

Todo tu cuerpo es un inmenso brote de espinas,
pero las aves siguen comiendo en tus manos
y cantan en el bosque como si nada.

Por las noches me enseñas el universo:
hoy han sido las costas de Islandia,
la Edda de Snorri y la promesa de Winland.

Como tu cuerpo está erizado de agujas,
necesito almohadones para amarte;
luego despierto enganchado a tus labios,
cuando el sol es un punto negro en el cielo.

Si hablas, tu voz es una cascada
que arrastra cadáveres y policías de uniforme.

Hablas en verso, como Ovidio y Lope,
como el precoz escaldo Egil Skallagrimsson.

A veces te interrumpo. Tus besos llevan oro,
como las Noches de Stevenson o de Mardrus.
Son algo tan brillante. Como una nueva infancia.
No sé si tu destino es catalogar manuscritos,
si has sido bibliotecaria en Alejandría.

Un día vi cómo perseguías a un jabalí en Dordoña
(esa noche soñé con el Monarca Oscuro).
Podría hacerte un lecho de lirios o de rosas,
aunque preferiría cubrirte de alacranes.

Luego descifraríamos papiros mágicos y emblemas.
No sé cómo decirte lo mucho que te amo.
Hace siglos que desaparecieron los torneos.
Jesús sigue muriendo cada día. Hasta cuándo.
Pero Clodoveo decía que el Gólgota no sería famoso
si él hubiese estado allí, en Jerusalén, con sus francos…

Antes leíamos novelas bizantinas, escuchábamos discos,
no encendías jamás la luz en el desván.
Me parecía haber vivido dos veces los momentos
y bebía del suave terminarse de tus ojos.
Algunos dioses se nos antojaban ridículos:
Júpiter, por ejemplo, todos los que mandaban.
Pero las ninfas de las fuentes, los elfos, los dragones,
Mae West y Miriam Hopkins compensaban la perdida.
Hacer versos, nadar, dar de comer a un pájaro,
ejercer de sportwoman como Diana Palmer.
Buscábamos tesoros en el jardín de tus abuelos,
bajo ese sol de Heráclito que sigue sin ponerse,
con una Jolly Roger ceñida a la cintura,
saqueando glorietas y naufragando en la piscina.

Y ahora que está aquí, mi amor,
tú que eres todas las mujeres,
no sé si voy a ser capaz
de recordarte y recordarme.
Todos vivimos, a la postre,
en una especie de prisión
de la que no podemos salir,
en la que nadie puede entrar.
Pero consta en el Libro Único
que, a pesar de espinas y agujas,
nos amamos alguna vez
y nos amaremos tú y yo.

“Elsinore” 1972

Idilio

Dice la dama: «El frío ya no hiere mi cuerpo.
Llega una primavera que no funde la nieve
ni licúa los ríos. Primavera de brazos
y músculos y sables y dentelladas dulces.
Bajo un cálido sueño masculino me olvido.
Y en mi olvido se olvidan mis doncellas y el mundo,
lo que fui y lo que soy, mi nombre y sus aristas.»

Él: «Comienza en tus ojos un combate sin tregua.
Vencida, eres el fuego. Victoriosa, la llama.
Nunca el crimen sagrado me pareció tan bello.»

Tus ojos

Y tus ojos, tus pétalos de luz,
aquellos ojos que resumían el estío,
vasijas de pureza,
agonizan de sombra en su prisión de nieve
y de silencio.
El mundo es una catedral helada.
“Scholia” 1978

Cómo te defiendes de mí

Cómo te defiendes de mí.
Cómo resistes,
desde la torre de la ausencia,
agitando el pañuelo para siempre,
sin forma ni color,
humo tan sólo,
aérea y rígida en tu nube,
diciendo adiós al mundo y a mis brazos,
muerta y levísima.

Cómo te defiendes de mí.
Cómo, al fin, me derrotas
y me sepultas, también a mí,
en la tumba sin flores del olvido,
donde mis huesos no conozcan
la senda de tu cobardía.

El fantasma

Cómeme y, con mi cuerpo en tu boca,
hazte mucho más grande
o infinitamente más pequeña.
Envuélveme en tu pecho.
Bésame.
Pero nunca me digas la verdad.
Nunca me digas: «Estoy muerta.
no abrazas más que un sueño»

La vela

Una vela es el deseo.
Está encendida. Ilumina
la habitación. En los muros
hay desgarraduras viejas.
La vela baila. Se cierne
sobre el espacio. Divide
la sombra en dos. El deseo
tiene pulmones de cera.
Y es el ahogo. Las cosas
bajo llave. Las palabras
no dichas. Burbujas. Brillos.
Alas rotas. Labios muertos.
O tu pecho: todo es cera.
Siempre en luz. Sobre el silencio
extiende su brasa el ojo.
Las paredes tienen grietas,
salpicaduras recientes.
Y ellos se alejan. Ignoran.
No saben qué hacer. No saben
dónde esconderse. Son otros.
Sombras de la misma vela.

Casada

En el hombro la herida me latía
como un segundo corazón. Si a ella
le dolía también, no me lo dijo.
La puerta se cerró. Por un momento
nos abrazamos, y eso era la vida.
Pero volvió el dolor, volvió la niebla
sobre mis ojos y frente a mis labios.
Y volverían dudas y reproches,
y la herida del hombro, y su marido.

 Cuando vivías en La Castellana

Cuando vivías en la Castellana
usabas un perfume tan amargo
que mis manos sufrían al rozarte
y se me ahogaban de melancolía.

Si íbamos a cenar, o si las gordas
daban alguna fiesta, tu perfume
lo echaba a perder todo. No sé dónde
compraste aquel extracto de tragedia,
aquel ácido aroma de martirio.
Lo que sé es que lo huelo todavía
cuando paseo por la Castellana
muerto de amor, junto al antiguo hipódromo,
y me sigue matando su veneno.

 Conversación

Cada vez que te hablo, otras palabras
escapan de mi boca, otras palabras.
No son mías. Proceden de otro sitio.
Me muerden en la lengua. Me hacen daño.
Tienen, como las lanzas de los héroes,
doble filo, y los labios se me rompen
a su contacto, y cada vez que surgen
de dentro -0 de muy lejos, o de nunca-,
me fluye de la boca un hilo tibio
de sangre que resbala por mi cuerpo.
Cada vez que te hablo, otras palabras
hablan por mí, como si ya no hubiese
nada mío en el mundo, nada mío
en el agotamiento interminable
de amarte y de sentirme desamado.

Deseada

Era su turno. Cuidadosamente
dobló la gabardina sobre el brazo.
Se echó el pelo hacia atrás, y su mirada
se cruzó con la mía. Con los ojos
le devolví la calma. Se marchaba,
pero regresaría, y todo aquello
terminaría bien. Cerró la puerta.
Yo me quedé sentado, acariciando,
tembloroso, su ropa interior verde.

  Nocturno

Apagaste las luces y encendiste la noche.
Cerraste las ventanas y abriste tu vestido.
Olía a flor mojada. Desde un país sin límites
me miraban tus ojos en la sombra infinita.

¿Y a qué olían tus ojos? ¿Qué perfume de oro
y de agua limpia y pura brotaba de tus párpados?
¿Que invisible temblor de cristales de fuego
agitaba la seda lunar de tus pupilas?

Recamaste la almohada con hilos de azabache.
Tejiste sobre el sueño un velo de blancura.
Eras la rosa pálida tiñéndose de rojo,
la rosa del veneno que devuelve la vida.

La blusa, el abanico, una pluma violeta,
el broche con la perla y el diamante en el pecho.
Todo abierto y en paz, transparente y oscuro,
sin dolor, navegando rumbo a tus manos frías.

Soneto

El editor Francisco Arellano, disfrazado de
Humprey Bogart, tranquiliza al poeta en un
momento de ansiedad, recordándole un pasaje
de Píndaro, Pípticas VIII 96
Sin mujer, sin amigos, sin diner,
loco por una loca bailarina,
me encontraba yo anoche en una esquina
que se dobla y conduce al matadero.
Se reflejó una luz en el letrero
de la calle, testigo de mi ruina,
y de un coche surgió una gabardina
y los ojos de un tipo con sombrero.
Se acercaba, venía a hablar conmigo.
Mi aburrido dolor le interesaba.
Con tal de que no fuese un policía…
«Somos el sueño de una sombre, amigo»,
me dijo. y era bogart, y me amaba;
y era Paco Arellano, y me quería.

 Este aroma no es tuyo

Este aroma no es tuyo.
No es el olor tan suave de tus manos,
ni el perfume que anuncia tu llegada.
Tampoco viene de la infancia,
ni trae consigo imágenes de jardines remotos.
Tan sólo es el aroma de la sangre vertida
entre las páginas de un libro
sobre la guerra en la Edad Media.
Llevo toda la tarde sumergido
en ese olor de fiesta y de coraje.

La noche blanca

Cuando la sombra cae, se dilatan tus ojos,
se hincha tu pecho joven y tiemblan las aletas
de tu nariz, mordidas por el dulce veneno,
y, terrible y alegre, tu alma se despereza.

Qué blanca está la noche del placer. Cómo invita
a cambiar estas manos por garras de pantera
y dibujar con ellas en tu cuerpo desnudo
corazones partidos por delicadas flechas.

Nieva sobre el espejo de las celebraciones
y la nieve eterniza el festín de tus labios.
Todo es furia y sonido de amor en esta hora
que beatifica besos y canoniza abrazos.

Para ti, pecadora, escribo cuando el alba
me baña en su luz pálida y tú ya te has marchado.
Por ti, cuando el rocío bautiza las ciudades,
tomo la pluma, lleno de tu recuerdo, y ardo.
* * *
3. Los dedos de la aurora
Entraban en mi alcoba sin llamar a la puerta,
deshojando en el aire la flor de su perfume.
Los oía arrastrarse, leves, hasta la alfombra.
Trepaban a la cama y luego, entre las sábanas,
me anunciaban el día con sutiles caricias.

Los gigantes de hielo

Han vuelto los Gigantes de Hielo a visitarme.
No en sueños. A la luz del día. Con los yelmos
relucientes y el rostro selvático y maligno.

Tenía tanto miedo que no supe decirles
que te habías marchado. Lo registraron todo,
maldiciendo la hora en que Dios creó el mundo,
jurando por los dientes del Lobo y por las fauces
del Dragón, escupiendo terribles amenazas,
blasfemando y rompiendo los libros y los discos.
Al ver que tú no estabas se fueron, no sin antes
anunciar que darían con tu nuevo escondite
y serías su esclava hasta el fin de los tiempos.
Donde estés, amor mío, no les abras la puerta.
Aunque se hagan pasar por hombres de mi guardia
y afirmen que soy yo quien los envía.

Mal de ausencia

Desde que tú te fuiste, no sabes qué despacio
pasa el tiempo en Madrid. He visto una película
que ha terminado apenas hace un siglo. No sabes
qué lento corre el mundo sin ti, novia lejana.

Mis amigos me dicen que vuelva a ser el mismo,
que pudre el corazón tanta melancolía,
que tu ausencia no vale tanta ansiedad inútil,
que parezco un ejemplo de subliteratura.

Pero tú te has llevado mi paz en tu maleta,
los hilos del teléfono, la calle en la que vivo.
Tú has mandado a mi casa tropas ecologistas
a saquear mi alma contaminada y triste.

Y, para colmo, sigo soñando con gigantes
y contigo, desnuda, besándoles las manos.
Con dioses a caballo que destruyen Europa
y cautiva te guardan hasta que yo esté muerto.

 

Soneto del amor oscuro

La otra noche, después de la movida,
en la mesa de siempre me encontraste
y, sin mediar palabra, me quitaste
no sé si la cartera o si la vida.

Recuerdo la emoción de tu venida
y, luego, nada más. ¡Dulce contraste,
recordar el amor que me dejaste
y olvidar el tamaño de la herida!

Muerto o vivo, si quieres más dinero,
date una vuelta por la lencería
y salpica tu piel de seda oscura.

Que voy a regalarte el mundo entero
si me asaltas de negro, vida mía,
y me invaden tu noche y tu locura.

 

 Bienvenida

Bienvenida al palacio de la duda,
a la casa del miedo.
Cómo echaban de menos tus pisadas
las baldosas del barrio.

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

El espejismo

Alguien me dijo que se había ido
fuera de la ciudad. Y volví a verla
cuando no estaba ya. Volví a entregarme
al dolor de sentir su lejanía
y a la añoranza de sus movimientos.
Volvió a decirme en sueños que me amaba
y a protagonizar mis pesadillas.
Volví a verla denuda entre mis brazos.
Volví a verme desnudo entre los suyos.

 El olvido

La olvidé. Por completo. Para siempre
(o eso creía entonces). Me cruzaba
con ella por la calle y no era ella
quien se paraba ante un escaparate
de ropa deportiva, no era ella
quien compraba el periódico en un quiosco
y se perdía entre la muchedumbre.
Como si hubiera muerto. No era ella.
Su nombre era el de todas las mujeres.

La flor blanca

Entraban en silencio el invitado,
la mujer de su amigo y la flor blanca.
Estaban en silencio. Y el espacio
de su amor era blanco y silencioso,
como la flor que lo representaba.
Y aquel silencio era deseo y culpa,
traición amarga, dulce desafío,
y había en él angustia y esperanza,
y era la plenitud, y el desengaño.

La llamada

La noche había sido muy larga y muy oscura.
Quería oír tu voz. Que tus dulces palabras
me trajeran un poco de calma. Que el cariño
que sentías por mí viajara por teléfono
hacia mi corazón maltrecho y derrotado.
Quería oír tu voz y oí la de tu amante.

Un amor imposible

Te he encontrado en la calle
y, luego, hemos cenado juntos.
Te lo he dicho otra vez:
mi vida quiere ser lo que llamaba Bowra
“the pursuit of honour through risk”.
Y tu sonrisa se transforma
en una mueca obscena,
y sigues sin saber qué es el pudor.
Antes de medianoche
estabas muerta ya, amor mío.

“El hacha y la rosa” 1993

Noche de ronda

En otro tiempo hubieras empleado la noche
en hablarle de libros y de viejas películas.
Pero ya eres mayor. Ahora sabes que a ellas
les aburren los tipos llenos de nombres propios,
que tu bachillerato les tiene sin cuidado.
De modo que le dejas tomar la iniciativa,
desconectas y finges que escuchas sus historias,
que invariablemente -recuerdas de otras veces-
versan sobre el amor, los viajes, la dietética,
su familia, el verano, la buena forma física,
el más allá, las drogas y el arte postmodemo.
De cuando en cuando asientes, recorriendo sus ojos
con los tuyos, rozando levemente sus muslos,
y elevas a los cielos una angustiosa súplica
para que aquella farsa termine cuanto antes.
Pasarán, sin embargo, todavía unas horas
hasta que, ebria y afónica, se abandone en tus brazos
y obtengas la victoria pírrica de su cuerpo,
que, pese a los asertos de tres o cuatro amigos,
será muy poca cosa. Y, cuando esté dormida,
saldrás roto a la calle en busca de una taza
de café gigantesca, maldiciendo las copas
que arruinaron tu hígado en la estúpida noche
y pensando que, al cabo, merece más la pena
no comerse una rosca y hablarles de tus libros,
amargarles la vida con Shakespeare y con Griffith.
O buscarse una sorda para que nada falte.

Paseo vespertino

para Alicia

Tú y yo, amor, a caballo, por las suaves
laderas de un crepúsculo dorado
que vira a negro, tú y yo, luces tibias
frente a la oscuridad que va anegando
esta parte del mundo, rienda suelta,
sendos halcones en los puños, campo
a través, contra el tiempo de la muerte,
a favor de la vida y del verano,
contra cerrojos, contra cicatrices,
contra el silencio, contra el desamparo,
contra esos templos donde se refugian,
ávidos de mentiras, los malvados,
tú y yo solos en busca de emociones,
medievales y eternos, a caballo,
rumbo a ninguna parte, mientras brota
la orquídea de la noche a cada tranco
y queda atrás, hundiéndose en el polvo,
la borrosa silueta del ocaso,
tú y yo por los países de la bruma,
picando espuelas, dos enamorados
que unen sus corazones en la fronda
donde alumbran, gloriosos, los relámpagos,
y cabalgan oscuros por lo oscuro,
como un rey y una reina destronados.

Madrid, 22 mayo 2008.

Categorías:Luis Alberto de Cuenca

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